El 10 de mayo de 1996, dos grupos de montañistas emprendieron el ascenso final al punto más alto del planeta: el Monte Everest. Entre ellos, había guías de renombre, clientes experimentados y novatos dispuestos a pagar decenas de miles de dólares por tocar el cielo. Lo que comenzó como una aventura soñada terminó en tragedia. Cinco personas murieron, otras resultaron gravemente afectadas, y el mundo del liderazgo recibió una de sus lecciones más duras.